lunes, 24 de febrero de 2020

EL FASCISMO QUE VIENE


Cuando un alcalde, nuestro alcalde, decide meter en el Orden del Día de un Pleno Extraordinario una serie de mociones de cualquier grupo municipal, solo puede ser que no tiene ni idea de las normas de funcionamiento de los Plenos. Pero, además, pasa también que está muy mal asesorado.
Si un alcalde, nuestro alcalde, en un Pleno ordinario no somete a votación que se trate una moción, solo porque tiene un número de apoyos suficiente y le obligaría a poner en práctica lo que esa moción obliga; entiéndase la aplicación automática del convenio del personal laboral, está tomándose atribuciones y competencias que no puede ejercer. Eso sin duda es por desconocimiento y mal asesoramiento. Pero sobre todo es causa de la necedad y  de una actitud prevaricadora que asusta.
Si además, es capaz ese alcalde, nuestro alcalde, de convocar un pleno extraordinario con esa misma moción, que no es suya, para mayor vergüenza y se empeña en soltar una reprimenda a los concejales de la oposición y a alguno de los suyos; y además se empeña en que no haya debate del asunto y que no se vote… Solo tiene un nombre, duro, antidemocrático. Eso se llama una actitud fascista.
La principal característica del fascismo es que las normas, las leyes, se le aplican a todo aquel que no pertenece al partido o no se doblega a la voluntad fascista de la autoridad; siempre y cuando esas normas y leyes sean restrictivas de derechos. Si conceden un derecho, solo se aplican a los miembros del partido o a aquellos ciudadanos que se doblegan a la voluntad de la autoridad fascista.
Eso es lo que nos está sucediendo en Guriezo. Tenemos un alcalde que saltándose todas las normas, impone su voluntad contra viento y marea. Se salta, cual Manuel Benítez “El Cordobés” y su salto de la rana, toda la legislación laboral de esta Ejpaña nuestra. Se salta toda la legislación local y constitucional de un Guriezo que quiere hacer suyo. Se salta los propios acuerdos o pactos de legislatura que tiene con el PSOE y  le llevaron a la alcaldía.
Nuestro alcalde tiene una grave enfermedad que, en democracia, se denomina fascistitis. Ya veremos hasta donde le permite llegar su partido y hasta cuando le soportarán sus compañeros de viaje y sus votantes. Puede que no sean todos ellos ese tipo de ciudadano gregario que necesita de líderes dictatoriales. El tiempo dirá.

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