miércoles, 8 de enero de 2014

DE REGALOS, PREMIOS, Y LIBROS DE TEXTO...

Hace ya muchos años, allá por 1986-87, una vecina de Santurtzi a la que tuve que atender, de mil amores, en múltiples ocasiones, una mañana tuvo la brillante idea de agradecer mis desvelos comprándome una paletilla de Jabugo. La buena mujer me llamó por teléfono, como tantas veces, y me contó que me iba a traer el jamón. Evidentemente, le dije que no podía recibir regalos, que mis servicios estaban más que pagados con la consiguiente nómina.

Nuestra vecina tuvo la genial idea de acordarse de cual era mi costumbre cafetera y ni corta ni perezosa, mientras yo me tomaba mi cafetillo mañanero, se plantó en las dependencias municipales con una gran caja a mi nombre, que el compañero que me sustituía en aquellos momentos recogió, sin saber nada de la historia anterior.

Cuando abrí la caja encontré la paletilla de Jabugo, levitando ya a 10 centímetros del suelo, descubrí el cuchillo jamonero, el soporte para el trozo de bicho y un mantelito de fieltro verde. Supongo que la buena mujer pensó que la paletilla, en su decir jamón, merecía todos los elementos para el ritual. Sin cuchillo jamonero no hay paletilla que se precie. Sin soporte que lo soporte la paletilla se resiste al corte y, cómo no, el mantelillo de fieltro, finalizada la carnicería, bien hubiera servido para unas buenas manos de mus. Juego del que por cierto me he retirado invicto. Otro día les contaré esa historieta del mus y mi invencibilidad.

Pero como ya les he dicho, los cargos públicos no debiéramos recibir regalos y además nos está prohibido recibirlos.

A pesar de mis pesares y de quedar como un desagradecido devolví la paletilla y los artilugios gastronómicos a la remitente. No negaré que pensé en quedármelo y disfrutarlo con mis colegas de profesión, a ningún tonto le amarga un dulce, pero la norma manda y a la norma me sujeto.

Algunos de ustedes me dirán: ¿Tú estás tonto o qué te pasa?

Les cuento esto a cuento de la noticia de esas participaciones de lotería repartidas por cierto empresario entre alcaldes, concejales y pedáneos de la geografía cántabra, que ha desatado las furias e iras de los hombres. Por fortuna no llega la cosa a ser Dies Irae.

Me consta que nuestro ayuntamiento en ocasiones ha contratado algunos servicios con dicha empresa. No me consta que nuestro Alcalde o algún Concejal hayan recibido esas participaciones que han resultado premiadas. Si así hubiera sido, seguirían callados los interesados directos, tal y como hacen en estos días y siempre.

En el hipotético caso de que el Alcalde haya recibido esas participaciones que han resultado premiadas, le sugeriría hipotéticamente que esos dineros hipotéticos los dedicara a la no menos hipotética función de cumplir con su programa electoral de mantener las ayudas a los libros de texto de sus hijos de ustedes lectores guriezanos.

Que hayan tenido ustedes unos reyes estupendos, por magos; yo sigo pronunciándome por la República.



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